Crítica de Modelo setenta y siete, valiente combinación de drama penitenciario, crónica de nuestro pasado reciente y thriller de evasión

Alberto Rodríguez es uno de los directivos más interesantes y soluciones del panorama nacional. Desde el momento en que debutara con El factor Pilgrim, proseguir su carrera ha sido un viaje mareante con títulos como La isla mínima, El hombre de las mil caras y series como La peste, aparte de uno de los capítulos de la antología Apagón, de próximo estreno en Movistar+ (mas que ya os adelantamos que es brutal).

Modelo 77 es una coproducción de Atípica Largos y Movistar Plus+ que va a llegar a los cines este viernes veintitres de septiembre y que recalará en la plataforma en exclusiva tras su exhibición en salas comerciales. Y, viendo el resultado, solo podemos querer que el romance de Movistar y Alberto Rodríguez dure un buen tiempo.

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Teaser de Modelo setenta y siete, la película carcelaria de Alberto Rodríguez

La ficción, basada en hechos reales, nos desplaza a la prisión Modelo ubicada en Barna en pleno año 1977 cuando comenzaba a hablarse de una amnistía para los presos políticos que podría aun ampliarse a los presos comunes que habían sido presos tras ser juzgados por un sistema considerado ya injusto y obsoleto.

En este contexto, un joven contable es preso en cárcel precautoria a la espera de un juicio que podría llevarle a cumplir entre 6 y 8 años como condena. Claramente, un castigo desmedido teniendo presente el delito cometido y en condiciones higiénico-sanitarias lamentables.

En la prisión, Manuel conoce a un hombre apodado “el negro”, un mercader nato que aprovecha los repartos de comida para trapichear y lograr todo género de cosas para los presos: desde tabaco hasta ropa. Él le invita a compartir celda con él y con Pino, un reo que se encara a una muy larga pena por cometer distintos latrocinios durante los años.

Los nuevos aires de la Transición llegan en forma de organizaciones que reclaman derechos para las personas que están entre rejas, la mayor parte iletradas y sin recursos para defenderse. Así se gesta COPEL, la “Organizadora de Presos en Lucha” que se valdrá de todo género de estrategias para llamar la atención de la sociedad sobre las condiciones de la prisión.

Desde heridas autoinfligidas a nivel colectivo, hasta motines, incendios, lanzamiento de pasquines, huelgas de apetito y coordinación con el exterior para organizar manifestaciones pidiendo la libertad. Con la caída del Franquismo se imponía una revisión del sistema penitenciario que cambiara las cosas asimismo intramuros.

Cine de España de calidad

Modelo 77 es una de las grandes películas del año por el “qué” y por el “de qué manera”. Eso no quiere decir que sea una película perfecta: peca de sobrepasarse en la duración final y de un par de bruscos saltos de montaje, que pueden llegar a descolocar un tanto. Con todo y con eso, tiene una historia potente, una trama vibrante y es una crónica de nuestro pasado digna de enmarcar.

Elegida para estrenar el Festival de Cine de San Sebastián, cuenta con un fabuloso directivo que ejercita de coguionista al lado de Rafael Cobos, su cooperador frecuente, y con un reparto encabezado por Javier Gutiérrez y Miguel Herrán, fabulosos los dos en sus respectivos papeles. Ojo a secundarios como Jesús Carroza, un robaplanos de primera.

Modelo 77

Entre las muchas virtudes de Modelo 77 está la de haber buscado una ambientación muy creíble y fidedigna, algo de lo que podemos ser conscientes con solo quedarnos a ver los créditos finales y ver de qué manera se han calcado los interiores del Centro Penitenciario de Hombres de Barna, cerrado en dos mil diecisiete y usado como ubicación primordial de rodaje, el vestuario de los presos y la iluminación.

La película tiene la capacidad de subyugar al espectador desde el principio y logra eludir caer en un montón de lugares comunes que hemos visto ya en dramas penintenciarios anteriores: ciertos tan fenomenales como Cadena perpetua y otros tan comerciales y morbosos como Vis a vis. Hay influencias, desde entonces, mas vuela por libre.

La cinta tiene su personalidad en este sentido y lo que busca no es solo que simpaticemos con los personajes y con la miseria que anega el sitio (violencia, consumo de drogas, vendettas, prostitución) sino entendamos un instante muy particular de nuestra historia reciente, sin gloriar ni demonizar a absolutamente nadie, mostrando las luces y las sombras de las personas.

Lo que no falta, en ningún instante, es emoción y el hecho de que los personajes sean tridimensionales ayuda a hacerlos creíbles. Es posible que el final sea algo más inverosímil, mas es que no deja de ser ficción, por más que se base en hechos reales ocurridos en esta España nuestra y personajes de carne y hueso.

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