Crítica de Crímenes del futuro: Cronenberg nos pasea por terrores a la vuelta de el rincón

Las películas de David Cronenberg (Maps to the Stars) son una experiencia cinematográfica única en las que se crea un cosmos especial y en ocasiones hasta enigmático. Es justo lo que pasa en Crímenes del futuro, una película que actúa como distopía basada en las tendencias que podemos ver ya hoy en la sociedad.

Llevándolo todo al máximo el directivo y argumentista se deja pesquisar en temas de la filosofía universal como quiénes somos, qué nos hacer ser lo que somos y cuáles son los límites del Arte. así que podéis aguardar cine de ciencia-ficción con su puntito horrible, mas sobre todo una amalgama de interesantes ideas sobre el camino que ya hemos comenzado a deambular.

Es por todo ello que podemos afirmar de entrada que no es una película para el público general y que la audiencia que pague la entrada lo va a hacer con el compromiso de tener que poner mucho de su parte para entender una historia que no prosigue las convenciones de la narrativa tradicional.

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Tráiler en español de Crímenes del futuro: Lo nuevo de Cronenberg llega a los cines en septiembre

¿De qué trata Crímenes del futuro? 

Sobre esta (en apariencia) simple cuestión se podría hacer una disertación: la película Crímenes del futuro nos ubica en un futuro no muy distante en el que el humano ha logrado superar el dolor. Tanto es así que sentirlo se ha transformado en una nueva droga que da experiencias afines al placer sexual.

De forma paralela, la especie humana aprende a amoldarse a los ambientes artificiales, así que ciertos individuos han empezado a mutar, produciendo nuevos órganos con funciones aún por descubrir e inclusive logrando alimentarse de plásticos y otros desechos.

En este contexto, Saul Tenser y la cirujana Caprice son dos artistas performativos que representan en frente de multitudes sus intervenciones quirúrgicas haciendo de su experiencia un espectáculo de vanguardia.

Son referencias en el mercado, de forma que Timlin, una estudiosa de la Oficina del Registro Nacional de Órganos se dedica a proseguir sus prácticas para documentarlas. Mientras que rematan su última actuación, entra en escena un nuevo conjunto que desea aprovechar la fama de Saul para revelarle al planeta cuál va a ser la próxima etapa de la evolución humana.

Crimes of the Future

Por dónde coger esta deliciosa rareza

Más que una crítica, lo que Crímenes del futuro precisa es un manual de instrucciones: si el espectador trata de examinarla a la forma tradicional se llevará de forma ineludible una decepción.

Cronenberg imagina un planeta en el que las personas no sean ya capaces de efectuar las funciones básicas por sí solas precisando de una especie de máquinas biológicas para poder dormir, ingerir y digerir comestibles y, naturalmente, con implicaciones considerablemente más morbosas para conseguir placer sexual. 

El quid de la cuestión es que la propia especie humana está en entredicho: no es ya que se haya ido generando una paulatina transhumanización, sino hay una permanente insatisfacción con la apariencia física y una dependencia brutal por el cambio a golpe de sensual escalpelo (cualquier similar con la actualidad es más que coincidencia).

Si hemos ido viendo ejemplos de personas transespecie o que procuran trastocar su corporeidad para retorcerla hasta ser “otra cosa” (a saber qué), acá eso está llevado al extremo. Las personas no solamente se definen por su capacidad para mudar sino consiguen un placer morboso de ello, tanto sensual como desde el otro lado de la escena, como voyeurs.

Y ahí va a otra idea capital de la película: ¿no es el Arte más triunfante cuanto más placer se consigue de él por retorcido o malvado que sea? ¿Quizá el propio Cronenberg no nos está reprochando como amantes del cine que somos unos pequeños depravados que gozamos del espectáculo?

La entrega del abanico es bestial con Viggo Mortensen, Léa Seydoux y Kristen Stewart formando un retorcido trío en este largo con tintes bastante perturbadores.

Crimes of the Future

Respecto a la polémica, no hay para tanto. Claro que poderéis ver palpitantes vísceras y alguna secuencia de alto voltaje en la que hay implicada sangre (la calificación R está justificada), mas no es ni para desamparar la sala ni para sentir arcadas. Es más, a los habituales a Cronenberg, que tras su paso por Cannes va a recibir el Premio Donostia en el SSIF, lo mismo hasta les sabe a poco.

Crímenes del futuro es una de las películas más provocadoras del 2022 mas no tanto pues el director haya dado brida suelta a su imaginario sobre el cuerpo, sino pues nos ha estimulado el órgano que en ocasiones más se olvida: el cerebro.

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