Análisis de Railbound



Railbound

6 de septiembre de 2022
PC, iOS, Android
Afterburn

Dicen sus responsables que Railbound es «un relajante juego de rompecabezas» sobre poner vías férreas y «reparar las conexiones» ferroviarias mientras que viajas por el mundo; a nivel práctico, es —efectivamente— un juego de rompecabezas en el que debes poner una serie de vías a fin de que los furgones, numerados, lleguen en el orden que corresponde hasta la locomotora: primero el 1, entonces el dos, etc.. Pan comido. Los primeros niveles apuntan en esa dirección: pon una vía acá, otra allí, cambia el sentido de un giro, mantén el del siguiente… Hay algo, sí, de relajante y satisfactorio en manipular las vías, poner los furgones a circular y ver de qué manera nuestro plan se pone en marcha, de qué manera la cautivadora máquina comienza a moverse y cada pieza llega a su lugar, tal y como aguardabas, o de qué manera llegan desorganizadas, o de qué manera se chocan por el camino. Es así de sencillo: con el ratón, con el mando o con los dedos, conforme la plataforma en la que escojas jugar (está libre en móviles, aparte de Steam), pones y quitas piezas, que aparecen y desaparecen con animaciones y sonidos no menos confortantes.

Llegado el instante, acabas un nivel y no solo pasas al siguiente sino el juego te informa de que se ha desbloqueado otro, opcional, marcado con una letra y que de forma natural semeja estar concebido para que lo pruebes más adelante. Ahí es donde Railbound se pone serio. Nos estamos divirtiendo mucho con los trenecitos y las vías, mas ya va tocando sacar los rompecabezas de veras. Estos rompecabezas opcionales —a veces alteraciones más difíciles de otros del camino principal; otras, nuevos diseños que llevan un paso más allí ideas vistas en otros niveles— son sensiblemente más duros y habitualmente no tan relajantes; precisamente por eso, la potencia de sus instantes voilá es considerablemente mayor. Si ya en la senda primordial, honestamente fácil, ciertos rompecabezas sorprenden por la inteligencia con la que utilizan de formas inopinadas las poquitas piezas que tienen a su predisposición, el plus de dificultad de los niveles extra hace que Railbound sorprenda y destaque merced a ciertas soluciones en especial interesantes, que retuercen las posibilidades de sus mecánicas de formas ingeniosísimas y con frecuencia inopinadas.

Para cuando llegas al último planeta, el juego ya te ha lanzado suficientes mecánicas e ideas para que aparte de relajante Railbound te haya resultado estimulante y entretenido. En el último planeta, la complejidad aumenta tanto que lo que hasta el momento había sido un viaje sosegado se transforma en un reto tremendo y en el que se dan encuentro todas y cada una de las mecánicas con las que te has cruzado hasta el momento; si bien es una sensación sorprendente (en mi caso, tardé más en solucionar un solo nivel del planeta ocho que todos y cada uno de los primordiales de ciertos mundos precedentes), asimismo es una ocasión para regresar atrás y dedicarle un tiempo a los niveles que hayas dejado sin solucionar en mundos precedentes. Es un muro de complejidad inopinado y que tal vez haga que el tramo final del recorrido sea más cuesta arriba de lo que es posible anticipar; es sorprendente, como poco, si bien probablemente asimismo sirva para darle uso al sistema de pistas, escondo en el menú de pausa y agradecido cuando ya no sabes qué más probar para lograr que los furgones lleguen a su lugar sin sobresaltos.

No es el juego de rompecabezas más definitivo o sorprendente del año, desde entonces, mas Railbound tiene suficiente encanto y buenas ideas para captar quienes agraden de este género de rompecabezas. Su preciosismo y accesibilidad procuran no estar reñidos con un diseño de niveles que sabe ponerse riguroso, si bien a veces resulta tentador —y el juego lo permite— probar cualquier cosa y ver qué ocurre en vez de planear «bien»; tengo la impresión de que esta posibilidad está más que prevista por Afterburn, el estudio que lo desarrolla (responsable asimismo de Inbento y Golf Peaks, otros dos juegos de rompecabezas de forma decidida «relajantes»), y semeja que ciertas ideas nacen de esa previsión, como los furgones sin numerar, que pueden concluir su recorrido en vías que no llevan a ningún lugar, por poner un ejemplo. Su estructura, semejante a la de Patrick’s Parabox, deja a cualquier persona probar con todas y cada una de las mecánicas del juego sin hallar —con la salvedad del último mundo— picos de complejidad excesivos, y a la vez te deja en bandeja una compilación de niveles más avanzados a fin de que los resuelvas a tu ritmo; una buena resolución para un juego fácil mas eficiente que sabe colarse sin esmero en tu día a día, tal vez no como plato primordial mas indudablemente sí como acompañamiento de primera para esos instantes en los que apetecen varios buenos rompecabezas.

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