Crítica de De qué manera mandarlo todo a la mierda: un breve drama adolescente con estilo… y lugares comunes

¿Recordáis Los ricos asimismo lloran? Bueno, ahora tenemos una palada de series que nos recuerdan que los adolescentes padecen y padecen mucho. Esa una parte de la vida por la que todos y cada uno de los que somos adultos hemos pasado es de atravesar cambios, tomar resoluciones y forjar las relaciones que nos definirán como personas el resto de nuestras vidas y… ¡no es nada simple!

Muchos de los dramas adolescentes de los que os charlamos, lo han llevado todo al extremo con el consumo de drogas con el que se procuran atenuar los vacíos existenciales, las conductas sexuales extremas, la exploración de la propia identidad, la relación con la tecnología o el trauma sobrevenido por la intervención de todo lo anterior: ahí están Euphoria, Por trece razones o Control Z.

Menos frecuente es localizar registros de comedia en series como Yo nunca o Esta mierda me supera o mezlcas de géneros en los que interviene el terror en plan Yellowjackets, Bienvenidos a Edén o El internado. En clave patria, nos marchamos a registros más idealizados como Élite o Merlí, con esta última como exponente de calidad.

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Cómo mandarlo todo a la mierda se presenta en un formato muy digestivo: son 6 capítulos de entre veintidos y diecisiete minutos de duración durante los que se nos presenta a un conjunto de jóvenes resuelto a dejarlo todo atrás, mentir a sus progenitores y vivir una aventura.

Alba es una joven que lleva apenas 3 meses en el instituto y pasa por una situación muy diferente a la de sus compañeros de clase: convive con José Carlos, su hermano, y arrastra una vida bastante difícil pues se dedica a chanchullear y no deja de meterla en líos.

Por eso, cuando se entera de que su viaje de fin de curso se ha anulado, el planeta se le viene encima. Era su salvoconducto para escapar de casa, lejos de todo y aguardar la ansiada llegada de la mayor parte de edad, que la desligará por siempre de su tutor legal y le dejará decidir por sí sola al fin.

Pronto descubre que un conjunto de compañeros ha trazado un plan paralelo: hacerle pensar a sus progenitores que el viaje prosigue adelante y escaparse en una furgoneta desastrada con la que recorrer la carretera con sus ahorros. 

Solo hay 3 reglas: eludir a toda costa publicar en redes sociales, continuar en movimiento y tener claro que no hay vuelta atrás, sin dejar a absolutamente nadie atrasado. Si bien en un comienzo Alba halla cierta renuencia a ser admitida, sus habilidades para puentear la furgoneta y para salir del paso van a hacer que se integre… más aun de lo que aguardaba.

Dicen los autores de De qué manera mandarlo todo a la mierda, Jaime Olías y Pablo Sanhermelando que carece de interés ver de qué manera los jóvenes de drogan, que no esencial es entender por qué lo hacen y en gran medida la serie averigua en esa busca de la libertad en forma de retrato natural de la juventud y, concretamente, de la llamada Generación Z.

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Eso pasa por enseñar lo que nos agrada y lo que no: la música con la que se sienten identificados (preparaos para el machaque de trap), el léxico que emplean (ese espanglish tan propio infestado de “bros”, “cash” y “bodies”) y claro está, su comportamiento en ocasiones errante, mas asimismo de extrema lealtad al conjunto.

En términos generales Cómo mandarlo todo a la mierda es una serie que busca hacerse invisible dentro delos jóvenes, mostrándolos con transparencia: en este sentido es un retrato bastante sincero que ni busca ensañarse en el morbo mas que tampoco rehúye la polémica.

A nivel estilístico es bastante refrescante, con una relación de aspecto prácticamente cuadrada, la busca de la luz natural y moviendo la cámara entre los personajes. En lo concerniente a la historia en sí, acaba metiéndose en ciertos charcos que aportan poco. Vamos, que no es una serie que vaya a mudarle la vida a nadie.

Dicho lo que, destaca la interpretación de Naira Lleó, a quien ya vimos en la segunda temporada de Hierro y que logra que nos identifiquemos con su personaje, pese a que esté de forma permanente a la fuga y tome resoluciones muy controvertibles que pueden interpretarse como pequeñas-grandes traiciones. 

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